Camboya: Koh Rong Samloem

A pesar de trasnochar un poco la noche anterior, consigo levantarme pronto para intentar coger el ferry de las 9. Tras varios intentos de contacto con la compañía, cuando lo consiguen ya es tarde y tengo que coger el de las 11:30… Y una vez en el muelle al ir a entrar en el barco escucho por primera vez en el viaje, tras varios viajes hacinado, estás mágicas palabras “ya no entra más gente” jaja, así que toca volver a esperar al de las 12 que terminaría siendo casi ala 13. Al rato de esperar comprendí el por qué de tanta desgracia, y es que nuevamente el azar quería q Néstor y yo viajaramos en el mismo ferry y yo estaba tratando de adelantarme al destino jajaja.

En el ferry conocimos también a Ginger y Leo, que tenían reserva en el Mad Monkey Hostel y ya que nosotros íbamos a lo loco, nos decidimos a acompañarles para probar suerte allí. Supuestamente hay un barco for free para llevarte al hostel, ya que para llegar a él después de cruzar toda Saracen Beach (unos 2 km) había que atravesar la jungla de la isla durante unos 20-30 min por un camino que dejaba mucho ala imaginación. Pero como no encontramos el barco gratis y sino nos cobraban 4 dólares, nos fuimos ala aventura y tras un dubitativo comienzo los 4 llegamos sanos y salvos al hostel jaja. Cuando llegamos aunq estaba full, justo hubo una cancelación así q tuve suerte y me tocó cama. Néstor pretendía ir a unas guesthouse q había más al norte (por caminos aún más dudosos). Me fui a acompañarlo un rato y tras 20 minutos de lucha y ser mordido por una hormiga roja de un cm, decidimos dar vuelta con la esperanza de que hubiera otra cancelación y tuviese cama (todo sea dicho, con éxito al final!).

Al volver nos reencontramos con Ginger y Leo, que estaban de cháchara con dos chicas de Suiza, Lisa y Lisa (en adelante Lisa Square, o Lisa al cuadrado para hispanohablantes jaja). No podían ser más diferentes, una rubia ojos azules y la otra de rasgos totalmente indios ya que sus padres eran de allí. Aquí comenzamos el tradicional rito de celebración cervezil, acompañado de Super 8, el whisky de arroz camboyano de 20 grados que vale 1 dollar jaja. Lo bebimos al modo laosiano, que es un chupito fifty fifty con Coca-Cola, con un solo vaso y en orden jajaja. Creo que es uno de los mejores grupos que he encontrado saliendo en mis viajes, y pasamos una noche de muchos quilates, con ocurrencias como Angkor what o beber de la forma más estúpida y original posible de un vaso del suelo mientras bailas.. no es fácilmente explicable, pero espero q me saquen una sonrisa en el futuro cuando relea esto jeje.

Al día siguiente volvían a estar full, así que Néstor y yo emigramos en busca del sueño americano y un nuevo hogar. Volvimos en el free boat a Saracen Beach (la playa más grande y principal, donde llegaban los ferrys y están la mayoría de alojamientos, pero posiblemente la más fea y con mucho viento por las mañanas) y de ahí nos fuimos andando a Sunset Beach, a unos 30 min andando al otro lado de la isla.

Tras un lindo y costoso camino, arribamos al paraíso, una playa de agua cristalina y casi sin gente, sin nada de viento a diferencia del otro lado, y con solo 3 o 4 opciones de alojamiento. Full de nuevo en el primer sitio que preguntamos, aprovechamos para un beer stop y recuperar algo de fuerzas, y mientras hablamos algo con la camarera se nos aparece la virgen en forma de una cancelación inesperada, así que tenemos una tienda de campaña “elevada” a 3 m del agua, una pasada. Encima hacen “family dinner” (cocinan un plato y si te gusta te apuntas y se cena todos juntos, staff, huéspedes, etc.), y para concluir esa noche hicieron un fuego en la playa & Jam session con la gente de todos las guesthouses de la playa.

Al día siguiente, para variar, estaba todo full, así q nos pusimos mochila al hombro a buscar un nuevo hogar que finalmente sería una tienda de campaña de las de toda la vida en Saracen Beach (si, la playa grande).

Tras instalarnos en nuestro palacete, nos encomendamos a un trekking a través de la isla para llegar a un faro que estaba en la punta más alejada. No era un camino muy complicado, y si bastante disfrutable, y como premio tuvimos unas vistas impecables de la isla y una playa aún más remota donde solo había una cabañita con una familia, la cual nos vendió la cerveza más barata de toda la isla, ¡y una de las que mejor nos supo!

Y para terminar, al día siguiente pondría rumbo a Kampot cogiendo el ferry de las “10”.

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