Japón: Hiroshima & Miyajima

Con la visita a Hiroshima termino el ciclo de “Atrocidades de la humanidad” de este viaje, tras las visitas de Cambodia, Vietnam y Corea. Junto con los campos de concentración de Auswitz o Dachau, y la zona cero del 11S, debo decir que sin sitios que todos deberíamos saber o intentar visitar, es espeluznante lo que podemos llegar a hacernos en una escala masiva los unos a los otros y creo que cuanto más aprendemos de ello más lejos estaremos de repetir los mismos errores.

Hiroshima no necesita mucha presentación, es una ciudad cuyo principal atractivo son los jardines de la paz donde se pueden visitar diferentes monumentos conmemorativos por la bomba nuclear, así como ver el edificio donde iba cayendo (la bomba realmente explotó a 600 m de altitud) que se ha mantenido sin reconstruir pero protegiéndolo como, una vez más, símbolo de paz.

Aparte en Hiroshima es bastante conocido su castillo, pero el plato fuerte es el Museo memorial de la paz. Esta dedicado, como podréis imaginar, a la caída de la bomba, explicando cómo fue y sus radioactivas consecuencias. Por ejemplo en una foto se puede ver la sombra de alguien que estaba sentado en un escalón y quedó su sombra grabada tras desintegrarse. Así mil y una historias acojonantes, pero no todo es desesperación: cuando creían que nada crecería en Hiroshima por al menos 70 años, en solo uno la naturaleza se abrió camino.

Por la noche el hostel donde estaba era bastante animadillo al tener un bar. Como éramos una ONU los que nos encontrábamos allí, los del staff nos pidieron si nos animábamos a hacer cada uno un cartel poniendo de que país éramos para hacer unas fotillos. Abajo podéis ver los resultados de mi arte, un ferchi original.

Al día siguiente mi plan fue visitar Miyajima, una isla muy famosa por el Tori gigante que tiene en el mar, el cual se puede visitar cuando baja la marea. También está el templo Daishoin, que para no ser muy conocido ha sido uno de los que me ha gustado de Japón, con su paseo de mimibudas elegantemente vestidos para el invierno o su salón de estatuas.

De ahí partí a hacer un trekking que me llevaría a 500 metros de altitud, ala cima del monte Minsen. Para llegar ahí también un teleférico pero si me con fuerzas siempre prefiero darme caña, es más gratificante al llegar, ahorro algo y hago algo de ejercicio. La vista desde la cima es considerada una de las 3 mejores desde todo Japón, y que queréis que os diga, es probable que sea cierto y las fotos no le hacen justicia.

Como curiosidad, por el camino me fui encontrando más elegantes budas (que yo los llamo así, pero seguro que tienen un nombre genial). Aparte, nada más llegar ala cima nos metieron a todos en un observatorio sin decirnos que pasaba (bueno vale, igual si, pero en japo..), para luego descubrir que venía un helicóptero para llevarse a una chica que se había fastidiado la pierna, ¡menudo dispositivo montaron!

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