Japón: Nikko & Kamakura

Nikko y Kamakura son dos ciudades que se suelen visitar en sendas excursiones de un día desde Tokyo, y yo no iba a ser menos. Ala primera se tarda unas 2:30 en llegar y ala segunda solo 1 h. Lo mejor que aportan es un respiro de esa gran ciudad (y stress) que es Tokyo, ya que lo que ofrecen mayormente es poder visitar templos interesantes con algo de naturaleza.

En Nikko el templo más famoso que hay es el de Toshogu, y como había que pagar en todos al final fue al único al que entré. Creo que fue un acierto porque me gustó bastante a pesar de ser mi quintuagesimo templo en Japón. Estaba todo rodeado de árboles por todos lados, lo que le daba un aspecto muy chulo y la arquitectura era genial, y tenía una parte dedicada a los 3 monicos donde uno no ve, otro no oye, y el tercero no habla. Eso y al sleeping Cat, que, sinceramente solo sé de el lo que indica el nombre..

El resto de templos solo pude visitarlos desde muy afuera, y en uno de ellos tenían una lona gigante con la foto del templo porque estaba en obras, están muy locos aquí a veces.

Tras el recorrido templil, me fui a lo que llaman el Abismo, que es un camino con un montón de estatuas de Hizo, las cuales se supone que juegan con el viajero escondiéndose o cambiando de sitio. A mi lo que me parece es que se pasan poniendo bufandas y gorros, ¡incluso cuando no hay cabeza!

En otro orden de visitas, el day trip a Kamakura fue con la compañía de John (un coreano, que estudió en USA y vive en Taiwán) y Dom (un canadiense incapaz de cruzar una calle desierta si el semáforo está en rojo). Aparte de la rima de sus nombres, lo mejor era que iban vestidos iguales con camiseta granate y vaqueros.

Tras dar una vueltilla por las calles más comerciales de Kamakura, y visitar uno de los principales templos (Tsurugaoka, tengo siempre que hacer copy paste de todos los nombres) que se encuentra al final de una calle toda con los cerezos en flor, nos fuimos a conocer la mayor atracción de la ciudad. Y cuando digo mayor, es literal, porque es el Buda gigante de la ciudad.

Para terminar, les convencí / engañé para hacer un pequeño hiking de 4 km atravesando el sendero de Daibutsu, cruzando diversos shrines y templos. Creo que el canadiense decidió dejar de hablarme después de hacerle andar tanto.

Como curiosidad, todos los templos están llenos de diferentes amuletos o tienen tradiciones para la buena suerte o atraer los buenos espíritus, pero sin duda aquí la que más me gustó fue la que encontramos donde tienes que comprar un platito pequeño y estamparlo contra un muro. ¡Very relaxing!

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