Japón: Tokyo

Tokyo son 30 millones de habitantes, infinitos barrios con sus diferentes famosas calles para hacer compras o comer algo, un sistema de metro que no es un solo sistema sino que son varias compañías diferentes (por si fuera poco complicado solo con el idioma), manga & anime omnipresente, luces y neones, gente y más gente, karaokes y restaurantes temáticos, sushi y ramen, y un largo etc.

Por la introducción podría parecer que me encantó,.. pero a decir verdad no demasiado. Tenía una expectativas bastante altas con la ciudad y lo que me encontré me decepcionó un poco. No es una ciudad muy “cultural”, y cuando empezé a buscar info de que hacer lo que ponía como interesante era ir a este o no sé cuál barrio a la zona de compras mayoritariamente. Lo cual no es que esté mal, pero todas son similares y en mi caso se suma que no iba a comprarme nada. Luego los restaurantes / bares temáticos me parecían curiosos, pero como también eran bastante caros no me dediqué a ellos.

El primer día llegué a eso de las 6 de la mañana, y me fui al hostel siguiendo las instrucciones de mi querido Google Maps (no se como sobreviviría aquí sin él para indicarme los metros/trenes). Tras instalarme y tomar 3 cafés, puse rumbo a Yoyogi Park en el que los findes va mucha gente a hacer cosplay (aka disfrazarse) y estaba alao de Harajuku que es muy famoso para las compras y del santuario Meiji (decepcionado porque no dejaba de ser un parque grande con un templo de lo más normalito).

No disfruté mucho la visita, puesto que había miles y miles de personas e íbamos en procesión a paso de tortuga. Y en Yoyogi, al ser la época del Sakura, había una locura de gente haciendo picnic debajo de los cerezos. Ah, y los únicos que me encontré disfrazados eran los rockabilly, ¡vaya exceso de laca!

Otra visita obligada en Tokyo es el mercado de pescado, posiblemente el mayor del mundo. Es muy famosa la subasta del atún que se hace a horas intempestivas de la mañana, motivo por el cual, no fui, yo soy más de media mañana. Todos los alrededores del mercado están llenos de puestos de sushi (más fresco difícil de encontrar), pero como era un poco caro ya que está más enfocado al turismo, me fui con los chicos que estaba a Shibuya a Genki Sushi, que es un sitio donde ordenas por una tablet lo que quieres comer y te llega automáticamente mediante bandejas mecanizadas. ¡Están en todo estos japos!

Ese mismo día aproveché para conocer un poco la zona de Shibuya, que es donde se encuentra el famoso cruce de calles en forma de X que todo el mundo fotografía y yo no. Por lo demás, restaurantes, tiendas, gente, mini parques de atracciones… Y una estatua del “clásico” perro que muere su dueño y el va a visitarlo todos los días ala tumba. Creo que ya es el tercero con estatua que veo en diferentes ciudades.

Posiblemente mi día favorito fue la visita a la ciudad de la tecnología, la cual es una isla artificial donde varias empresas como Panasonic o Toyota tienen museos/shows. Por ejemplo fui al de Toyota, y aparte de ver tooodos los coches que tienen, pude probar diferentes simuladores deportivos, ver la historia de la marca en el mundial de rallyes (y ver el Toyota Corolla con el que Carlos Sainz ganó el mundial) o diferentes coches famosos.

Aquí también está localizado el Miraikan, que es el museo de nuevas tecnologías, y tienen un montón de experimentos y movidas para jugar y aprender, quizás algunas más enfocadas a los niños, pero yo soy uno más. Tuve la oportunidad de ver “actuar” al robot que veis abajo, cuyo nombre ya no me acuerdo, pero era una pasada cuantas cosas estaba preparado para hacer como patear un balón de fútbol o saltar (vale, ok, no suena muy impresionante pero es un robot!!). Otra cosa que me enganchó fue un documental 3D en el explicaban sorprendentemente bien la teoría de cuerdas de la cual aparte de las colas de Big Bang Theory sabía lo justito (y no, no voy a explicarla).

En el camino de vuelta decidí cruzar andando Rainbow Bridge, y de pura casualidad me encontré con esta panorámica donde parece que se junta el puente de “Brooklyn”, la estatua de la libertad, y los cerezos en flor,…¡New York + Japón!

El susodicho puente es el de los enamorados por las luces que van cambiando la iluminación según cuentan, pero solo los locos vamos de paseo por el me parece: fue bastante largoy ventoso, parecía espinete al bajar, pero opino que mereció la pena solo por ver las vistas de la bahía de Tokyo de noche.

Aunque lo que si es una verdadera aventura en Tokyo y no ese paseíllo, es cuando llegas a alguna de las masivas estaciones de metro-tren-bus como Shinjuku o Tokyo Station, y lo único que quieres hacer es salir y volver a ver la luz del sol pero eres incapaz de encontrar la salida. Parece increíble pero es muy acertado. Y ya ni quiero recordar cuando buscaba Ramen Street en Tokyo Station (una zona con 9 sitios especializados en diferentes ramen), creo que estuve casi una hora deambulando de una esquina para otra. Es también “gracioso” cuando al principio no sabes que en Tokyo hay diferentes compañías de metro y tren, no es como en otras ciudades, por lo que realmente tienes q planificar y fijarte en qué estación estás entrando. La primera vez me colé donde no era y allí estuve 15 min hasta que entendí que estaba pasando.

Uno de mis barrios preferidos era Akihabara, que viene a ser el barrio friki donde se concentran todas las tiendas de electrónica, manga y anime. Es decir, estamos hablando de edificios de 5 plantas enteramente dedicados a eso. Y no uno ni dos ni tres, sino cientos. Luego en esta zona es donde también encontré los “mais café”, donde japonesitas vestidas de sirvientas te atenderán como si fuera un bar más. Y hay montones de recreativas, experiencias 3D, así como esas cajas llenas de peluches u otras cosas donde metes una moneda y manejando un gancho intentas recolectar lo que quieres. Una vez más, están locos estos japos.

Una de las noches unos cuantos del hostel nos animamos a ir a un Karaoke, que están también en cada esquina. Aquí como funciona la cosa es que alquilas una habitación para tu grupo de gente y tú, y una vez ahí tienes una tele, una tablet para seleccionar las canciones y pedir bebidas, y un par de micros. Estuvo curiosa la experiencia, aunque a poco que te despistes es una pasta, un par de horas y un par de cervers fueron casi 25 euros por cabeza. Lo que fue imperdible fue ir con una madre finlandesa de pelo azul que se sabía todas las canciones en japonés (y sin hablarlo).

Otro barrio que estaba bastante bien era Ueno, que tiene otro parque con cerezos en flor pero por el que al menos se podía caminar y tenía algún templito y un lago. Había un montón de puestecillos de comida callejera, y yo aposté por el plátano cubierto de chocolate, aunque su aspecto quizás no sea el más atractivo…

Luego me fui a su zona comercial, más sencilla y con menos gente, donde los dioses se apiadaron de mí y encontré…¡aceitunas! Joder, como os echaba de menos. Acabé la noche en Shinjuku (bueno, primero estuve recorriendo la estación por una hora…) que es uno de los barrios-neón que se pueden encontrar, con gente a todas horas. Me encantó lo que llaman el Golden Gai, que son 4 calles chiquitas de casas aún más chiquitas de 1-2 pisos y son todo pubs o pequeños restaurantes, muy coqueto, y genial para tomarse algo.

¡Ah! Pero Shinjuku tiene mucho más, como Godzilla en lo alto de un edificio y gritando cada hora, el robo-restaurante (espectáculo chicas en biquini, robots y comida por unos 70 euros), el barrio rojo japo o un mirador sobre la ciudad.

Mi último día en Tokyo no amaneció muy prometedor, con lluvia y previsión de que iba a ser así durante todo el día. Por suerte ya tenía casi todo visto, así que me dediqué a hacer despedida gastronómica, visitar el barrio del sumo donde pude comparar mis manitos de princesa con sus manazas modo pala (ojo que no ando tan lejos), y el museo de la historia de Tokyo. Por supuesto que lo mejor del museo fue la camiseta retirada de Son Goku.

Y con esto me despido de Japón, de comprar Sushi en los supermercados, fruta cara, prepararme mis propias comidas, de tener el Street Flights en la SuperNes en algún hostel, y de un montón de cosas más que ya ni me acuerdo.

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