Taiwán: Taipei

Acabé en Taipei/Taiwan por ser uno de los países más baratos a los que volar desde Japón, y el más barato desde el que volar a Filipinas, pudiendo así visitar un país al que sino, no creo que fuese nunca. Además conocía a un par de amigos de otros viajes, y uno de ellos, Jacek, no solo me dejaría su casa para dormir sino que me trataría lo mejor que se puede tratar a un invitado.

Taipei es la capital de la República de China, aka Taiwán, que es un país independiente de la que comúnmente conocemos como China pero que no está reconocido oficialmente por demasiados países. De hecho, apenas tiene embajadas oficiales, que yo sepa solo en el Vaticano… El país tiene su origen en la guerra civil que estalló en China poco después de la WWII, donde finalmente los comunistas se hicieron con la victoria y el qu era el presidente, seguidores, etc. Se tuvieron que exhiliar a esta isla. Y pues nada, aquí siguen. Dicho presidente de la República de China, lo siguió siendo durante unos cuantos años en Taiwán, y le han hecho un gigantesco mauloseo que fue lo que me dediqué a visitar el primer día: está formado por 4 edificaciones en una gigantesca plaza, una puerta, el hall nacional de conciertos, el teatro nacional y el propio mausoleo en si. Este tiene una estatua del amado líder y un museo con sus logros en los pisos inferiores. Supongo que en Vigo acabaremos haciendo lo mismo con Caballero construyendo dinomausoleo.

En Taipei me resultó super sencillo moverme, tanto el metro como el bus funcionan genial; la comida es bastante buena y barata, y la gente habla buen inglés (lo cual supone un interesante cambio de mis últimos países). Luego es una ciudad que por un lado tiene “cosas” modernas, como edificios de última generación (por ejemplo el Taipei 101 que durante un tiempo fue el más grande del mundo) u otras más tradicionales como muchos mercados nocturnos donde ir a cenar o comprar miles de cosas.

Los días que estuve por aquí no hizo un tiempo muy allá, de temperatura no tengo queja porque ya era por fin un clima cuasi tropical (15-20 grados de mínima, ya era hora de poder evitar el pantalón gris largo y la cazadora azul que tuve que llevar puesta un mes por no tener otra cosa) pero estuvo lloviendo casi todo el rato. Así que no me quedó otro remedio que estar visitando museos un par de días: aparte de el del mausoleo, fui al de ciencias naturales (me encantó el acuario y el dino-sin-seto), y otro en el que realizaban cuadros mediante el corte de piedras gracias alas formas que estas tenían.

Otro museo que visité fue el del Palacio Nacional, gigantesco y con 3 plantas repletas de esculturas, platos, y cientos de documentos en chino. Todo esto fue tomado de China por los que tuvieron que huir de allí. El museo esta chulo, pero reconozco que después de 2 plantas de cubertería china, la tercera la pasé volando.


De ahí aprovechando un receso del clima, me encaminé a un pueblo termal que está alas afueras de Taipei, Beitou. Su origen es de tipo sulfuroso por ser una zona volcánica, es posible recorrer un poco el parque llegando a una especie de lago con ese característico olor del sulfuro y con aguas a más de 100 grados desprendiendo vapor por doquier, una pasada. Intenté ir a una de las termas públicas, pero tras hacerme pagar, hacerme esperar media hora, justo cuando iba a pasar me preguntan por mí bañador, lo saco y resulta que no es adecuado, que hay que ir con uno taiwanés que parece un calentador de los que llevan los ciclistas,… En fin, vaya cabreo.

Mientras que durante el día me iba a recorrer la ciudad, alas noches quedaba con Jacek y/o sus amigos. Se portaron genial todos llevándome a cenar a varios sitios típicos como el mercado nocturno, a probar los dumplings (y otras delicias de la verdadera comida china), teppanyaki (estos restaurantes japos que es una plancha enorme y cocinan todo ahí enfrente de ti) y Hot pot (tienes una oya delante con agua/caldo, y te dan los ingredientes tales como noodles, verdura, carne, etc. para que los vayas poniendo a tu gusto).

Otra de las noches me acercaron a un pueblo a unos 50 km de Taipei, para realizar uno de los rituales más típicos e identificables de Asia: lanzar linternas al cielo. En este caso era además una gigantesca linterna casi tan grande como nosotros, y lo que se tiene que hacer es escribir buenos deseos en cada una de las caras. Luego, te ayudan a encenderla y con el aire caliente vuela y vuela cual globo aerostático hasta que le pierdes la pista. Es una pena que aún sea invierno y estuviéramos bastante solos, porque en verano al parecer hay tanta gente que el cielo parece que tenga un doble juego de estrellas con tanta linterna.

Mi visita a Taipei se terminó con un trekking por las montañas que “cierran” Taipei al sur. Las vistas sobre la ciudad son increíbles, con miles de opciones para tomar buenas fotos del Taipei 101, pero lo que más me flipa es la opción de tener esas montañas a literalmente 5 minutos de casa andando, ¡que suerte!

PD: Debido a technical problems con la tarjeta de memoria no hay fotos de esto último.

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