Australia: Fraser Island / K’gari

Fraser Island es la isla de arena más grande del mundo, de al menos 100 km de largo y también unos cuantos de ancho. Está completamente protegida por el gobierno de manera q es 99.99% virgen, y apenas construcciones en toda la isla. La única forma de moverse a través de ella es mediante 4×4, ya que las carreteras brillan por su ausencia afortunadamente y la mejor autopista que hay es una inmensa playa que mide esos 100 km que mencionaba antes. Y si, así es como te puedes mover por la isla, teniendo en cuenta las mareas y con cuidado de posibles ríos entrando al mar, olas, etc.

Para recorrer la isla hay múltiples opciones y compañías, desde alquilar tu propio 4×4, ir con una compañía de tag-along (varios 4×4 donde en el primero va el guía y el resto los conducen los clientes turnándose y siguiéndole), o en un autobús 4×4 que me parecía la menos atractiva de todas. En mi caso elegí la opción del tag-along, con la empresa Drop Bear, y no puedo hacer otra cosa que recomendarlos encarecidamente. Nuestro guía, Dave, era una bestia australiana que me sacaba una cabeza y un par de cuerpos, simpático y amable hasta la medula, y con un conocimiento de los Butchella (los indígenas de la isla) así como de K’gari (aka Fraser Island) espectacular.

El viaje comenzaría en Noosa, donde cogeríamos los 4×4. Aunque primero de todo tuvimos que ver un vídeo del gobierno de los años 80 sobre los 1000 no’es y 10 si’es cuando conduces un 4×4 en Australia. Entre otras cosas es interesante el momento donde tras decirte que no debes beber si vas a conducir, te explican que los hombres como mucho puedes tomar 2 cervezas la primera hora (las mujeres una) y luego 1 en cada hora subsiguiente. Tras esta brillante lección, condujimos (me autoincluyo aunq tristemente no pude conducir por no te era la licencia conmigo) a través de Rainbow Beach durante km y km para llegar al punto donde tomaríamos el ferry a K’gari. Ya todo apuntaba bien, cuando en el ferry conseguimos ver delfines que nos amenizaron esos minutos. Y así finalmemte arribamos en la isla, donde volvimos a hacer unos 30 km hasta llegar al campamento que sería nuestro hogar estos días. Para dormir teníamos tiendas de campaña de 3 personas donde por suerte solo meten a 2 para más comodidad. Aquí es donde tendríamos nuestros desayunos y cenas, las cerves post-cena, y las historias de Dave acerca de la isla.

Intentando perder el mínimo tiempo posible, comimos unos deliciosos (quizás por el hambre) self-service wraps con diferentes combos de vegetales y acompañamientos para cubrir todo tipo de alergias y chorradas varias (aquí descubrí que al parecer también existen los chicketarians….). Tras esto nos pusimos al volante para ir a unos de los múltiples lagos de agua dulce de la isla, el lago Wabby. Ahí pasamos la tarde conociéndonos un poco más todo el grupo, ya que eramos alrededor de 30 personas repartidos en 4 todoterreno, y los primeros momentos siempre es difícil romper el hielo. Para facilitar la interacción pudimos conocer el color favorito de cada uno así como el personaje Disney con el que se identificaban (soy Pumba, por cierto).

Ahora que ya éramos todos “amigos” pudimos pasar el resto del tiempo jugando al frisbby y pasatiempos varios, para luego volver al campamento, organizar las tiendas y prepararnos para la cena. Esta consistiría en una barbacoa, tras la cual tocó sesión d conocimiento básico australiano: como tocar el didyeridu, una especie de vuvuzuela formada por un tronco hueco comido por termitas y limado posteriormente. Los pros de este instrumento son capaces de tocarla más de 24 h non-stop, y considerando q hay q estar expulsando aire todo el rato y ser capaz de aspirar ala vez, es más que digno.. Además pudimos aprender más acerca de las constelaciones aprovechando ese cielo espectacular que teníamos, donde fácilmente se veía la vía Láctea, o ver un poco de plancton luminiscente en la playa. Finalmente terminamos con una pequeña sesión de guitarra & canto, pero p’cama prontito que al día siguiente nos esperaba muuucho.

A eso de las 6 me levanté para ver el amanecer, ya que total el despertador-didyeridu sonaba alas 6:30, así que mejor aprovechar el tiempo. Poco más puedo decir que espectacular. Tras el desayuno pusimos rumbo al extremo norte de la isla, que estaba a unos 60 km de donde estábamos, otra vez usando esa enorme autopista llamada playa. En el norte nos esperaban las “champagne pools”, unas piscinas naturales que reciben su nombre por la espuma de las olas que entra ellas. Aunque entra un poco de todo, agua, espuma, peces.. los aborígenes las usaban para cazar el pescado, ya que quedan atrapados entre las rocas cuando la marea está alta.

La segunda para del día era uno de los sitios sagrados de los Butchella people, una especie de mini península (denominada Indian head) donde según sus creencias se originó el mundo. No es difícil de creer esa idea, ya que la vista que hay del interior de la isla desde dicho punto te hace sentir el dueño de la tierra. Como nota, según lo sagrado que fuera el sitio para hombres y/o mujeres, Dave nos hacía un pequeño ritual recitando unas palabras para “ser aptos” para entrar en ellos de forma respetuosa.

La próxima parada tras la comida sería otro de los lagos, pero antes nos esperaban un par de sorpresas. La primera sería encontrarnos una serpiente marina enorme en la playa, que probablemente había ido allí a parir. La segunda fue un paseo en avioneta (previo pago eso si), que nos permitió conocer la isla desde los cielos, y admirar si cabe un poco su inmensa magnitud, los bosques, lagos y las inmensas e interminables playas.

Finalmente conseguimos llegar al lago cuyo nombre dudo que recuerde, y donde disfrutamos del resto de la tarde. Aún tuvimos tiempo mientras volvíamos al campo base de aminorar para ver uno de los clásicos de Fraser, que es un banco encallado que por su nivel de oxidación parece que no lleva precisamente poco tiempo ahí. Ala noche tocaba otra barbacoa, y está vez después de cenar tocarían historias acerca de la historia de Australia (y algunas de las atrocidades que se han cometido en contra de los aborígenes) así como de diferentes leyendas sobre la isla.

Nuevo día y nuevo madrugón para ver el amanecer, hoy con todavía más motivación ya que buscábamos ser los primeros en llegar al lago Mckenzie, el highlight de la isla. Es un lago de agua cristalina, donde la arena de sílice es la más fina que te puedas encontrar sirviendo como exfoliante, para lavarte los dientes, etc. Y si, conseguimos ser el primer grupo en llegar y tener el lago dura te casi una hora para nosotros con bastante calma.

Ahí Dave saco a relucir sus artes actorales, y nos preguntó quién quería hacer el show de Dirty Dancing siendo la “chica de arriba”. Y allí fuimos casi todo el grupo, aún alucino que pudiese con todos y cada uno de nosotros.. No tengo fotos del momento, pero hablo de lo siguiente para despistados:

La última parada de esta aventura sería en otro sitio especial para los Butchella, recorriendo una zona del rainforest donde las mujeres tradicionalmente iban a dar a luz. Dave no nos acompañó esta vez, puesto que está en “trámites” de ser aceptado como uno más por esta gente, y al ser un lugar para mujeres lo tiene “prohibido”. A cambio nos tenía preparados el dibujo de una ballena cuando volvimos..

Y así, ya solo quedaba empezar a volver a tierra firme, en lo que sería un viaje tranquilo para unos y contrarreloj para mi, puesto q tenía un bus alas 16:05 que coger para pasarme toda la noche viajando en bus rumbo a Airlie Beach. La suerte se puso de mi lado y conseguimos llegar diez minutos antes, lo suficiente para poder dar un abrazo a toda la gente maravillosa que había conocido en estos 3 días. No puedo nombrarlos a todos pero desde luego, esta etapa no habría sido lo mismo sin ellos.

PD. Me ha quedado por hablar del animal más comentado de la isla, ¡el dingo! Una especie de lobo australiano, que casi parece un husky amarronado. Quedan unos 90 en la isla y hay que tener cierto cuidado con ellos, incluyendo las dos principales normas que siempre que te alejes del grupo vayas con tu dingo-stick y un dingo-buddy para que si te encuentras alguno no haya problemas (y si atacan a alguien, luego lo sacrifican, así que lo mejor es la prevención por protegerlos & protegernos). La verdad que fueron unas risas, aunque la segunda noche nos levantamos con huellas de dingo por todo el campamento.. pero ver no vimos ninguno, ¡quizas para la siguiente!

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